CARTAGENA, ¡No es para aburridos!

Un destino de fantasía y legado histórico, que invita a los turistas a explorar una ciudad generosa y radiante. Cartagena de Indias es mucho más que playa, que es lo primero que se nos viene a la mente. Se trata de un lugar donde se combinan la cultura y la naturaleza, donde se vive la historia y se palpa con su amable gente, se saborea con su gastronomía y el esqueleto resuena al son caribeño de los tambores, la guacharaca y el acordeón.

 

La tierra del olvido, como dice Carlos Vives en su canción, me esperó nuevamente. Por tercera vez, viajé a tierra colombiana, parecía un sueño, pero lo hizo realidad la invitación de Air Panama a participar de ese vuelo inaugural con bautizo y todo, del primer avión de esta compañía en aterrizar en el aeropuerto internacional Rafael Núñez, en Cartagena de Indias, que fue declarada Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1984, y desde 1991 Colombia la declaró oficialmente distrito turístico y cultural de esta hermosa nación.

 

Lo primero que hicimos fue ir a disfrutar de ese mar Caribe que tanto pregona Colombia. Nos dirigimos al Hotel Las Américas, que es el único que contaba con accesos directos a la playa. La atención en este hotel, que es hermano del Golden Tower en Panamá, fue excepcional. Luego de un delicioso almuerzo y unas pocas horas de descanso, nos preparamos para conocer el famoso corralito de piedra o ciudad amurallada por la noche, pues cenaríamos allí en el puro centro de Cartagena.

Ver el ocaso sobre el mar Caribe, desde la habitación del hotel nos relajó tanto que nos sentíamos renovados.

Para conocer el casco antiguo de Cartagena, les recomiendo ir con ropa ligera y con unas buenas zapatillas porque hay mucho que caminar. Y como si todos los cosmos se hubieran puesto de acuerdo, también llegamos a cantarle el cumpleaños a Cartagena pues estaba cumpliendo 484 años de fundación y sus ciudadanos abarrotaban las calles y había manifestaciones folclóricas por todas partes.

 

Lo primero que nos topamos en la Plaza Bolívar fue un mágico grupo que bailaba mapalé, que se trata de un ritmo afrodescendiente cuyos movimientos son muy rápidos, se comparan con la agilidad y fuerza de quienes danzan. Por eso que los turistas nos quedábamos boquiabiertos con los esculturales cuerpos de los chicos y chicas que mantienen viva su cultura, que, a la vez es su forma de ganarse la vida.

Seguimos caminando por las hermosas calles entre casas de colores e iglesias iluminadas hasta llegar a la Plaza de la Aduana para deleitar una deliciosa cena en el restaurante Clemente y de esta manera cerrar con broche de oro la primera noche en este encantador lugar.

 

Por: Karin Caballero con extractos Publicado en revistapauta.com

 

 

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